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Primera entrega en relación al tema de la "equidad" de "género"...(para incluir entre nuestros "materiales de estudio").
¿CUÁL “EQUIDAD”?
Algunas reflexiones en torno a la mesa redonda en la Casa de la Cultura de Valle de Bravo sobre la problemática de la “equidad de género” (martes 7 de marzo a las 6:00 de la tarde)… mesa aderezada por los chispazos del ingenioso Marcovich con sus talentosas “fugas” y picantes aderezos… En su curso, noté muy pronto que la palabra “equidad” a veces era tratada en el sentido de “justicia” y otras en el sentido de “igualdad”. Mencioné durante esta placentera reunión que, aunque la justicia y la igualdad están ligadas entre sí, no son la misma cosa. Como parte de la edición del libro que se publicará en España en unos meses más, he estado, con la invaluable asistencia de Mailer Mattié, revisando viejos textos que pongo al día tras un minucioso examen de la historia de las relaciones entre los géneros según el genial Iván Illich, a quien de nuevo abordo maravillada… por su integridad, su aguda percepción nutrida, sin la menor cohibición, de una inagotable erudición.
Iván Illich ha llamado la atención sobre la creación del sexo económico en contraste con lo que siempre estuvo presente en el mundo como parte integral de una economía de la subsistencia: el género vernáculo. Esa economía de subsistencia ha sido la que les dio de comer mejor que peor, a miles de generaciones durante miles de años a través de todo el planeta, muy antes del surgimiento de lo que los más sensatos y aguzados estudiosos han llamado la creación deliberada, muy a propósito, de una economía de la escasez: pues es esto lo que define más claramente que nada lo que llamamos “capitalismo”. Y si piensas que estás a favor del capitalismo, será simple y llanamente porque confundes el término con algo que jamás ha sido, aunque pretenda serlo: libertad de comercio y de todo lo demás: todo lo que nos “suena” tan bueno… O: será que eres banquero y/o lavandero de divisas y/o corredor de bolsas. La autenticidad de dicha libertad es lo que está en juego y lo que los “indignados” ciudadanos del mundo hoy por hoy ponen en entredicho (y por causa).
Los principios del pensamiento de los economistas “clásicos” (es decir, los “liberales” abuelos de los “neo-liberales”) descarriló el pensamiento de Karl Marx quien había comenzado a ver claro y a andar por caminos sin precedentes. Pero, a pesar de sus brillantes análisis históricos, Marx resultaría incapaz de escapársele a los efectos del pensamiento “burgués” por excelencia dentro del que se crió y que él mismo definiera como “la subordinación del sujeto al objeto, del hombre a la cosa”.
Los analistas que saben y que no han sucumbido a las definiciones del hombre y de la economía propuestas por el liberalismo, perciben la verdadera naturaleza del sistema capitalista en términos totalmente ajenos a lo que los liberales y neo-liberales han defendido contra viento y marea y contra toda la lógica “empírica” que proclaman respetar. La exacerbación de la centralización de los estados nacionales en los que los seres humanos (la “mano de obra”), la tierra y el dinero son persistente y brutalmente convertidos en mercancía, es su rasgo más característico junto al de la carestía real y/o simulada: un entuerto fenomenal con base en distorsiones descomunales que Karl Polanyi describió como la ficción de que la mano de obra, la tierra y el dinero pueden ser tratadas como si fueran mercancía. Es esto en lo que semejantes “cosas” que no son realmente “cosas” han sido convertidas, el motivo por el cual hoy nos encontramos en medio de una caída libre hacia el desastre total a menos de que se impongan los milagro con los que esperamos colaborar siendo que, como dice el dicho: “Ayúdate y Dios te ayudará”… aunque mejor será decir “Ayúdense (unos a otros) y así lograrán un milagro nunca antes visto…” Volver a los tiempos en los que la palabra ataba más que cualquier contrato firmado y avalado por autoridad alguna… en la que los seres humanos nos comprometíamos con nuestra palabra ante Dios y los demás seres… hombres y mujeres. O ante nuestra propia consciencia que de ninguna forma puede ser menos.
Illich explica la transformación del “género vernáculo” en régimen de “sexo económico”: “la desaparición del género y del patriarcado [acompaña] el auge del individualismo no genérico y sexista”. Este “género dislocado” dominó a Occidente entre los siglos XI y XVIII hasta que la revolución industrial y los rígidos cánones del “liberalismo” terminara por coaptar todas las protecciones a las personas, hombres y mujeres, que aquel género vernáculo lograra mantener funcionando durante tanto tiempo. La evolución durante esos siglos de lo que llamamos “unión conyugal” pone muchas cosas al descubierto. Se refiere a cuatro etapas particulares de la formación eventual de la pareja “sexuada” de nuestros tiempos:
1. Durante gran parte del periodo medieval, la unión conyugal no tiene como finalidad la creación de la pareja. El matrimonio con frecuencia tejía lazos complejos entre los miembros de ambas parentelas; entre sus posesiones, su estatus, su descendencia. Asumía una sorprendente variedad de formas; estimulaba la subsistencia y reforzaba la capacidad del campesino para resistir a las exigencias del rey o del señor.
2. En el siglo XI apareció un nuevo tipo de casamiento cuya finalidad inmediata era la creación de un vínculo entre los dos coproductores del tributo, cada cual de acuerdo con su género (nota 77, op. cit.). Pero el tributo pierde su género inclusive antes de que se pague en efectivo (nota 73). La Iglesia eleva el consentimiento muto al rango de sacramento, y la pareja se convierte en una institución sagrada. El proceso de la civilización. . . impuso progresivamente la unión conyugal a las capas sociales inferiores, remplazando las conveniencias sociales como criterios del comportamiento del género, con las que el catolicismo impone. El estado conyugal en el seno del género permitió al hogar europeo funcionar como una empresa económica única en la historia:
a) el género dislocado hacía a los hombres y a las mujeres más capaces de adaptarse a las técnicas nuevas, y por lo tanto de producir bienes eminentemente vendibles;
b) sin embargo, la familia permanecía relativamente independiente del consumo de los productos mercantiles, puesto que su existencia seguía basada en la subsistencia intragenérica;
c) el hogar solo, sin el sólido apoyo de la aldea y de la parentela, no tenía la fuerza suficiente para resistir la expropiación de sus excedentes; la civilización del género dislocado termina en el intervalo protoindustrial (nota 125), que transforma a la pareja en
3. una asociación económica desprovista de género entre un trabajador salariado y una trabajadora fantasma; por lo tanto yo llamo a este tercer periodo la civilización del sexo económico.
4. No me atrevería a acuñar una denominación para el surgimiento actual de los pseudogéneros castrados, quienes tienen sus partidarios teóricos y sus detractores prácticos. . . . En el siglo XVI las transformaciones de la vida económica permiten ganar mucho más al comerciante o al artesano que pueda contar con la ayuda directa de su esposa; por vez primera en la historia, las capacidades y los talentos del cónyuge tienen importancia económica para la pareja. Igualmente, el señor puede exigir un tributo mayor a la pareja campesina que colabora para “producir”. En el Heptaméron [Marguerite de Navarre] es patente que de allí nace la discordia entre los sexos, que no podían saber que la pareja estaba en vías de convertirse en una unidad económica de producción.
Como podemos entrever gracias a estos señalamientos relacionados a la historia de “la pareja” que Illich nos señala, el fracaso de la institución matrimonial debe ser buscado en estos eventos olvidados y hasta insospechados para el común de los mortales… eventos que han afectado en su raíz misma lo que en otro tiempo fueran las relaciones entre hombres y mujeres, antes de que el estado/iglesia se las arreglara para ponernos a todos a trabajar para mantenerlos bien cómodos a ellos.
Estas notas, parte ahora de nuestros “materiales de estudio”. serán seguidas de otras reflexiones con miras a un mejor entendimiento de nuestro predicamento actual, en tanto que seres humanos, hombres y mujeres todos y miembros de nuestras atribuladas e insatisfechas (¡pobrecitas!) familias. Sylvia María de Js. Valls… Recordando con mucho afecto y mayor comprensión a nuestras pobres mamás…
“Encontró una fórmula imposible de superar cuando dijo que el capitalismo tiene como esencia la subordinación del sujeto al objeto, del hombre a la cosa. El análisis que hizo de ello es, desde este punto de vista, de un vigor, de una profundidad incomparables; aún hoy –hoy, sobre todo-- es preciosísimo tema de meditación”, Oppression et liberté, Gallimard, 1954, pp. 205-220, Fragmento de Londres, 1943 ; pp. 81-96 de Profesión de fe. Ver en: http://www.institutosimoneweil.net/index.php/news-feeds/37-textos-temas/284-weil-sobre-marx
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