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CITAS WEILIANAS PARA UNA FELIZ NAVIDAD Y AÑO NUEVO PDF Print E-mail
Written by Sylvia María Valls   
Tuesday, 27 December 2011 02:40

Dios ha creado el universo, y su Hijo, nuestro hermano primogénito, ha creado su belleza para nosotros. La belleza del mundo es la sonrisa de ternura de Cristo para nosotros a través de la materia. Él está verdaderamente presente en la belleza universal. El amor de esta belleza procede de Dios quien ha descendido hasta nuestra alma y regresa a Dios presente en el universo. Es también algo así como un sacramento. ("Formas del Amor implícito en Dios", Attente de Dieu, Fayard, 1966, p.154.)

DE LA ANTOLOGÍA SIMONE WEIL: PROFESIÓN DE FE... CITAS ESCOGIDAS DE DIVERSAS FUENTES... Traducción de Sylvia Ma de Js Valls

SELECCIÓN DE CITAS DE DIVERSAS FUENTES

 

de la obra de Simona Weil*

Una sociedad bien hecha sería aquélla en la cual el Estado ejercería tan solo una acción negativa, del orden del timonel: una ligera presión del movimiento oportuno para compensar un comienzo de desequilibrio. (La pésanteur et la grâce, Coll.10/18, p.173.)

La Providencia divina no es un desarreglo, una anomalía en el orden del mundo. Es el orden del mundo en sí. O, más bien, es el principio ordenador de este universo, extendido a través de toda una red subterránea de relaciones. (l'Enracinement, p.330.)

No es por su modo de hablar de Dios sino por su modo de hablar de las cosas terrestres que puede saberse si el alma de un ser humano ha pasado por el fuego del amor de Dios. Ahí ningún disfraz es posible. Existen falsas imitaciones del amor de Dios pero no de la transformación que éste opera en el alma ya que, de esta transformación, no se tiene la más mínima idea como no sea pasando uno mismo por ella. (La connaissance surnaturelle, p.96.)

Ningún santo ha podido obtener de Dios, ni que el pasado no haya sido, ni envejecer diez años en un día, ni envejecer un día en diez años... Ningún milagro puede nada contra el tiempo. / La fe que transporta las montañas es impotente contra el tiempo. / Dios nos ha abandonado en el tiempo. (Ibid., pp. 91-92.)

La verdad no es un objeto de amor. Lo que se ama es algo que existe, que se piensa, y que por tal motivo puede ser ocasión de verdad o de error. Una verdad es siempre la verdad de algo. La verdad es la luz de la realidad. El objeto del amor no es la verdad, sino la realidad. Desear un contacto con una realidad es amarla. No se desea la verdad sino para amar en la verdad. Se desea conocer la verdad de aquello que se ama. En lugar de hablar de "amor a la verdad" es preferible hablar de un espíritu de verdad en el amor. (l'Enracinement, p.215.)

¿Hacer el inventario o la crítica de nuestra civilización, qué es lo que supone? Buscar poner en claro de una forma precisa la trampa que ha hecho del hombre el esclavo de sus propias creaciones. ¿Por dónde se ha filtrado la inconciencia del pensamiento y de la acción metódicos? Evadirse en una vida apartada de la civilización es una solución perezosa. Es necesario volver a encontrar el pacto original entre el espíritu y el mundo en medio de la civilización misma en la cual vivimos. Se trata de una tarea, por lo demás, imposible de realizar a causa de la brevedad de la vida y de la imposibilidad de la colaboración y de la sucesión. Ello no es motivo para dejar de emprenderla. Nos encontramos todos en una situación análoga a la de Sócrates cuando, esperando la muerte en su prisión, se dedicaba a aprender a tocar la lira. Por lo menos, se habrá vivido... (La pésanteur et la grâce, Union Générale d'Editions, "Le Monde en 10/8!, 1962, p.154.)

El trabajo físico constituye un contacto específico con la belleza del mundo e, incluso, en sus mejores momentos, un contacto de tal plenitud que ningún equivalente puede hallarse en otro lugar. El artista, el científico, el pensador, el contemplativo deben, para poder realmente admirar el universo, penetrar esta película de irrealidad que lo cubre y que hace de él, para casi todos los hombres, en casi todos los momentos de la vida, un sueño o una decoración teatral. Deben, pero casi nunca pueden. Aquél cuyos miembros se encuentran quebrados por el esfuerzo de una jornada de trabajo --es decir, una jornada durante la cual se ha visto sometido a la materia-- lleva en su carne, como una espina, la realidad del universo. La dificultad para él consiste en mirar y en amar; si lo logra, ama lo real. (Attente de Dieu, Ed. Fayard, 1996, Collection du "Livre de Ville", p.161.)

Tratar, no de interpretar sino de mirar hasta que la luz se haga. En la percepción sensible, cuando uno no está seguro de lo que ve, se mueve de lugar sin dejar de seguir mirando. Con el tiempo va uno cambiando y si, a través de las modificaciones, se mantiene la mirada orientada hacia lo mismo, a fin de cuentas la ilusión se disipa y lo real aparece. La condición es que la atención sea una mirada y no un apego. (La pésanteur et la grâce, Collection 10/18, 1962, p.122.)

La vida humana está hecha de forma tal que muchos de los problemas que se les presentan a los hombres todos, sin excepción, son insolubles fuera de la santidad. (Cahiers, tomo III, Plon, 1956, p.298.)

El amor de la patria es puro en la medida en que es amor de lo que es, y no de lo que podrá ser. En la medida en que es amor del ser humano por la armonía que lo une a la ciudad y no participación en el amor de la gruesa bestia social por sí misma. (Cahiers, III, p.310.)

Lo que cuenta en una vida humana no son los sucesos que la dominan a través de los años --o incluso de los meses-- o incluso de los días. Es el modo en que se encadena cada minuto con el siguiente, y lo que le cuesta a cada cual en su cuerpo, en su corazón, en su alma --y por encima de todo en el ejercicio de su facultad de atención-- para efectuar minuto por minuto este encadenamiento. (La condition ouvrière, Gallimard, Coll. Idèes, p.168.)

Es en relación con los falsos bienes que deseo y posesión difieren; en relación con el verdadero bien, no hay diferencia alguna.

A partir de ello, Dios es, puesto que yo lo deseo; eso es algo tan cierto como mi existencia. (La connaissance surnaturelle, p.110.)

Dios y la creación son uno, Dios y la creación están infinitamente distantes; esta contradicción fundamental se refleja en la contradicción que existe entre lo que es necesario y el bien. Sentir la distancia, esta separación, es crucifixión. (Cahiers III, Plon: 1956, 1974, p.10.)

Dios no puede amar en nosotros más que este consentimiento a retirarnos para dejarle pasar, así como él mismo, creador, se ha retirado para permitirnos ser. Esta doble operación no tiene otro sentido que el amor, de la misma forma en que el padre le da a su hijo lo que le permitirá a éste hacerle un regalo el día de su cumpleaños. Dios, que no es sino amor, sólo ha creado amor.

La inflexible necesidad, la miseria, la angustia, el peso aplastante de la necesidad y del trabajo que agota, la crueldad, las torturas, la muerte violenta, la fuerza, el terror, las enfermedades --todo eso, es el amor divino. Es Dios quien por amor se retira de nosotros con el fin de que podamos amarle. Puesto que si nos viéramos expuestos a la irradiación directa de su amor, sin la protección del espacio, del tiempo, de la materia, seríamos evaporados como el agua al sol --no habría suficiente yo en nosotros para poder amar, para abandonar el yo por amor. La necesidad es la pantalla colocada entre Dios y nosotros para que podamos ser. A nosotros nos toca traspasar esa pantalla para dejar de ser. No la traspasaremos jamás si no sabemos que Dios se encuentra a una distancia infinita más allá, y que en Dios solo es que reside el bien. (C.III,, p.13.)

La verdad se produce al contacto de dos proposiciones, ninguna de las cuales es cierta; la relación entre ambas es cierta.

Estar siempre consciente de la imposibilidad del bien, es decir, de cuánto difiere la esencia de lo necesario de la esencia del bien" (Platón, República, 493c.). No hay bien que no sea sobrenatural.

Todo bien verdadero conlleva condiciones contradictorias, y por tanto es imposible. Aquél que mantiene su atención realmente fija sobre esta imposibilidad y actúa, hará el bien. (Ibid., p.23.)

Hay que sufrir para recibir la sabiduría, y hay que sufrir para otorgarla.

El sufrimiento más puramente amargo, el sufrimiento penal, como garantía de autenticidad. [...] "El bien conlleva el mal, el mal el bien, y ¿cuándo esto habrá de terminar?" El mal es la sombra del bien. Todo bien real, provisto de solidez y de espesor, proyecta algo de mal. Sólo el bien imaginario no lo proyecta. (Ibid., p.27)

Si se desea solamente el bien, se está en oposición a la ley que une al bien real con el mal del mismo modo que al objeto iluminado con la sombra; y, estando en oposición a la ley universal del mundo, es inevitable que se caiga en la desgracia.

Al estar todo bien ligado al mal, si se desea el bien y si uno no desea repartir a su alrededor el mal correspondiente, se está obligado, ya que no es posible evitar dicho mal, a concentrarlo sobre sí.

Así el deseo del bien enteramente puro y más grande posible implica la aceptación para sí del último grado de aflicción. De la Cruz.

Dios solo es bien puro. La creación, al ser Dios y otra cosa que Dios, es esencialmente bien y mal.

Dios no puede descender sobre la tierra, encarnarse, y permanecer bien puro sino padeciendo extremo sufrimiento.

Sócrates: "Deseo no ser ni autor ni víctima de la injusticia; pero prefiero ser víctima" (Platón, Gorgias, 469 c.). Ahora bien, de hecho es necesario o lo uno o lo otro. (Ibid., p.28)

El misterio de la Cruz de Cristo reside en una contradicción puesto que es a la vez un ofrecimiento consentido y un castigo que se ha padecido muy a despecho de sí [...] Tenemos que haber ido hasta el último extremo de nuestro ser para aspirar a no seguir siendo. (Ibid., p.29)

Las ideas de Platón son irrepresentables. No son por tanto nada de lo que pensaron los comentaristas que han tratado de representarlas. Ello es absolutamente seguro. Son los pensamientos de Dios concebido como un pensador impersonal. (Ibid., p.33.)

Las perversiones demuestran que cualquier objeto puede ser objeto de deseo. (Es esto lo que hay de cierto en Freud)... Así, cantidad de solteronas que jamás han hecho el amor han agotado el deseo que estaba en ellas sobre pericos, perros, sobrinos o pisos encerados. No resulta ningún misterio, por tanto, que no hayan recogido el fruto de la castidad puesto que no han sido castas. No hay castidad sin desapego. Castidad, pobreza y obediencia son inseparables. (Ibid., p. 35.)

El deseo es imposible; destruye su objeto. Los amantes no pueden ser uno, ni Narciso ser dos. Don Juan, Narciso. Puesto que desear algo es imposible, hay que desear nada.

El avaro, por deseo de su tesoro, se priva de él. (Ibid., p.36.)

La belleza de un paisaje en el momento cuando nadie lo ve, absolutamente nadie...Ver un paisaje tal cual es cuando no estoy en él. Cuando estoy en algún lugar, enturbio el silencio del cielo y de la tierra con mi respiración y el latir de mi corazón. (Ibid., p.38)

Un poema debe querer decir algo, y al mismo tiempo nada, la nada que viene de allá arriba. (Ibid., p.39.)

"Dadme un punto de apoyo y levantaré el mundo". (Arquímedes) Este punto de apoyo es la Cruz. No puede haber otro. Tiene que encontrarse en la intersección del mundo y de lo que no es el mundo. La Cruz es esta intersección. (Ibid., p.50.)

En todo lo que suscita en nosotros el sentimiento puro y auténtico de la belleza, hay presencia real de Dios. Hay como una especie de encarnación de Dios en el mundo (Timeo) de la cual la belleza es la marca. Verbo ordenador.

La belleza es la prueba experimental de que la encarnación es posible.

... todo lo que es temporal en nosotros segrega mentira para no morir y en proporción al peligro de muerte. Es por lo cual no hay amor de la verdad sin un consentimiento total, sin reserva a la muerte. (C.III., p.62)

Resolver es comprender que no hay nada que resolver, que la existencia no tiene significación para las facultades discursivas, y que no hay que permitir que éstas se salgan de su papel de simple instrumento de exploración de la inteligencia con el objeto de entrar en contacto con la realidad bruta. (Ibid., p.64)

Poesía, dolor y júbilo imposibles. Toque de puñal, nostalgia. Tal es la poesía provenzal e inglesa. Un júbilo que a fuerza de ser puro y sin mezcla produce dolor. (Un dolor que a fuerza de ser puro y sin mezcla produce calma; eso es griego).

Si el bien es la unión de los contrarios, el mal no es lo contrario del bien. (Ibid., p.69.)

Una de las desgracias de la vida humana es que no es posible al mismo tiempo mirar y comer. Los niños sienten esa desdicha. Lo que nos comemos es destruido. Lo que uno no se come no es plenamente comprendido en su realidad. En el mundo sobrenatural, el alma "mediante la contemplación come la verdad". "Este todo, mediante la renuncia, cómetelo´´ (Içâ-Upanishad, I.) (Ibid., p.87.)

EL ORDEN DEL MUNDO es el objeto de la ciencia, no la materia; y el orden del mundo debe ser enteramente concebido bajo la categoría de condición de existencia de una criatura pensante. La Providencia es el objeto propio de la ciencia... (Ibid., p.89.)

Si uno se representa la muerte como un aniquilamiento, se puede concebir que, en el instante del pasaje de la existencia a la nada, quien ama a Dios encuentra una eternidad de júbilo, y quien se ama a sí mismo una eternidad de dolor.

Pero no hay simetría; el júbilo verdaderamente es eterno; el dolor no es susceptible sino de un símil de eternidad.

Un punto es infinitamente pequeño, es nulo, en relación con un volumen. Y sin embargo es un punto que, de ser sostenido, anula el peso entero del volumen; y eso simplemente a causa de su posición.

Es que ese punto encierra una relación. Una relación de lugar no es una extensión; no puede ocupar un lugar; solamente un punto.

En relación con un orden cualquiera, un orden superior, por tanto infinitamente por encima, no puede ser representado en el primero sino por algo infinitamente pequeño.

De igual forma un instante y la eternidad.

(¿Observaciones de este tipo, es en esto que consiste la dialéctica platónica?)

No se debe desear morir para ver a Dios cara a cara, sino vivir dejando de existir para que en uno, que ya no es uno, Dios y su creación se encuentren cara a cara; y, más tarde, un día, morir. (C.III, p.90.)

Cada cual es en la sociedad lo infinitamente pequeño que representa el orden trascendente a lo social e infinitamente más grande. Estoicos; el sabio es siempre rey, aun cuando es esclavo.

En todo lo que es social, hay fuerza. El equilibrio solo nulifica la fuerza. (Ibid., p.93.)

Que después de una agonía perfecta y puramente amarga, el ser desaparezca en un estallido de perfecto y puro júbilo. [...]

La muerte es una ordalía, la última. (Ibid., p. 94)

Las tres concepciones --primero, la del aniquilamiento en el sentido de los ateos; segundo, la de la reencarnación y el purgatorio; tercero, la del paraíso y el infierno-- las tres indispensables para pensar la muerte, pueden muy bien ser aceptadas como verdaderas y concebidas simultáneamente si se toma en cuenta que la muerte está en la intersección del tiempo y de la eternidad. No son incompatibles sino porque no podemos impedirnos representarnos la eternidad como una duración.

Hacen falta las tres. La reencarnación y el purgatorio encubren la verdad que esta vida es única, irreparable, la única en la cual podemos perdernos o salvarnos. El paraíso y el infierno encubren la verdad que la salvación pertenece a la única perfección, y la condenación a la única traición, y que el alma imperfecta, pero siempre vertida hacia el bien, no es propensa ni a la una ni a la otra. La noción materialista del aniquilamiento excluye la verdad esencial, primera, que la única necesidad del alma es la salvación y que todo el sentido de la vida es constituir una preparación para el instante de la muerte. La creencia en la inmortalidad disuelve la pura amargura y la realidad misma de la muerte, que es para nosotros el don más precioso de la Providencia divina. (Ibid.)

Se puede pensar: Primero, que la noche oscura de la agonía, para las almas que han franqueado cierto pórtico sobre el camino de la perfección, opera la purificación mediante la cual nos imaginamos que miles de siglos de purgatorio son necesarios. Segundo, que al término de esta purificación el júbilo infinito, eterno y perfecto de Dios entra en el alma infinita y la hace estallar, morir como una burbuja. Tercero, que las almas que están por debajo del pórtico, apegadas a sí mismas y a este mundo, desaparecen simple y sencillamente, ya sea, resintiéndolo con un espantoso dolor, ya sea en la inconciencia. Semejante desaparición es un mal infinito, mal que está representado por el infierno.

No podemos representarnos la existencia sino en el tiempo, y en consecuencia no hay diferencia con respecto a nosotros entre el aniquilamiento y la vida eterna, sino en la luz. Un aniquilamiento que es luz, eso es la vida eterna.

El infierno es eterno. Esto no quiere decir que dure para siempre, sino solamente que no hay más futuro para las almas perdidas; que éstas no serán salvadas jamás. Esto es algo que hay que creer. Realmente hay que hacerlo.

El infierno es una llama que quema el alma. El paraíso también. Pero, según la orientación del alma, esta sola y única llama constituye el mal infinito o el bien infinito, el fuego del infierno o del Espíritu Santo. Este fuego, es "la cosa con doble filo, la cosa de fuego, lo eterno viviente, el relámpago." (Himno a Zeus de Cléanthe.)

El júbilo le es ofrecido, ella no lo quiere, y este rechazo es el infierno.

Así es cómo el relámpago es el fuego que se apodera de todos los seres y los juzga (Heráclito). Mata a los Titanes y hace nacer a Dionisio. (Ibid., pp.94-95.)

La comunión es buena para los buenos y mala para los malos. Así las almas condenadas están en el Paraíso, pero para ellas el Paraíso es el infierno. [...]

No creer en la inmortalidad del alma, pero considerar toda la vida como destinada a preparar el instante de la muerte; no creer en Dios, pero amar el universo, siempre, aún en la angustia y el sufrimiento, como a una patria; es ése el camino hacia la fe por la senda del ateísmo. (C.III, p. 96.)

El freudismo sería absolutamente cierto si el pensamiento en él no estuviera orientado de tal manera que resulta absolutamente falso. (Ibid., p.98)

Reprocharle a los místicos amar a Dios con la facultad del amor sexual es como si se le reprochara a un pintor el hacer cuadros con colores que están compuestos de sustancias materiales. No tenemos otra cosa con qué amar. Podría hacérsele, por lo demás, el mismo reproche a un hombre que ama a una mujer. El freudismo en su totalidad se encuentra saturado del mismo prejuicio que se ha dado por misión combatir: a saber, que todo lo que es sexual es vil. [...]

Existe una diferencia esencial entre el místico que tuerce violentamente hacia Dios la facultad de amor y de deseo, del cual la energía sexual constituye el fundamento fisiológico, y la falsa imitación del místico que, dejándole a esta facultad su orientación natural, y dándole un objeto imaginario, imprime a este objeto, como etiqueta, el nombre de Dios. La discriminación entre estas dos operaciones, de las cuales la segunda se encuentra hasta por debajo del libertinaje, es difícil, pero posible. (Ibid., p.99)

El ser que tiene contacto con lo sobrenatural es por esencia rey, puesto que es presencia en la sociedad, bajo forma de lo infinitamente pequeño, de un orden trascendente al social.

Pero el lugar que ocupa en la jerarquía social es enteramente indiferente. Es en su lugar centro de gravedad. (C.III., p.109)

Es en tanto que ser limitado que se requiere renunciar a sí, y a dicho efecto hace falta solamente reconocer todas las cosas limitadas como tales. Si yo pensara todo lo que es limitado como limitado, no habría ya nada en mi pensamiento que procediera del yo. A través de mí, Dios y la creación estarían en contacto.

Los seres que amo son criaturas. Nacieron del azar de un encuentro entre su padre y su madre. Mi encuentro con ellos también es un albur. Morirán. Lo que piensan, lo que sienten y lo que hacen está limitado y mezclado de bien y de mal.

Saber esto con toda mi alma, y no amarles menos.

Dios ama infinitamente las cosas finitas en tanto que finitas.

El sufrimiento como ko-an. Dios es el maestro que provee este ko-an, lo aloja en el alma como algo irreducible, un cuerpo extraño, no digerible, y obliga a pensar en él. (Ibid., p.111.)

Como no puede esperarse que un ser desprovisto del estado de gracia sea justo, se necesita una sociedad organizada de forma tal que las injusticias se castiguen unas a otras en una oscilación perpetua. [...]

En un alma en equilibrio, el centro de gravedad es inmóvil. (Ibid., p.113)

Hay que aceptar la muerte enteramente como aniquilamiento.

La creencia en la inmortalidad del alma es perniciosa porque no reside en nosotros podernos representar al alma como verdaderamente incorpórea. Así, esta creencia de hecho es creencia en la prolongación de la vida, y elimina el valor educativo de la muerte. (Ibid., p. 121)

Este mundo, antro de la necesidad, no nos ofrece absolutamente nada fuera de los medios. El bien relativo es el medio. Nuestro anhelo incesantemente rebota de un medio a otro como una bola de billar. (Ibid.)

Si me tapan los ojos, si me encadenan las manos a un bastón, este bastón me separa de las cosas, me impide tocarlas, pero por medio de él, las exploro. No siento sino el bastón, no percibo sino el muro. Igualmente, las criaturas en relación a la facultad de amar. El amor sobrenatural no toca sino a las criaturas y no va más que a Dios. Él ama sólo a las criaturas –¿qué más podríamos amar?-- pero como mediadores. Como mediadores, él ama igualmente a todas las criaturas, incluyéndose a sí. (Amar al prójimo como a sí mismo implica como contrapartida: amarse a sí mismo como se ama lo que nos es ajeno, igual a como se ama algo que nos es extraño.) (C.III, p.124).

Dos prisioneros, en celdas vecinas, se comunican por medio de golpes contra el muro. El muro es lo que los separa, pero también lo que les permite comunicarse. Así nosotros con Dios. Toda separación es un nexo. (Ibid. p.126).

La pureza absoluta consiste en la ausencia de todo contacto con la fuerza. La imagen de la pureza absoluta es no padecer ni ejercer la fuerza. La imagen de esta pureza es padecer y ejercer la fuerza en una proporción tal que haya una especie de equivalencia.

De ahí proviene la necesidad de hacer pagar al otro toda la violencia que se ha padecido.

¿Y quienes se encuentran en la base de la escala? ¿Cómo podrán ellos ejercer la fuerza? Tienen que participar en la fuerza, de lo contrario se encuentran envilecidos.

En el caso de quienes siempre padecen la fuerza, hay una sed irreductible de ejercerla.

(Y quienes la ejercen, es cierto que “aspiran a descender” [Corneille, Cinna, acto II, escena I]?) (Ibid.)

El ejercicio de la fuerza es una ilusión. Nadie la tiene; es un mecanismo. El diablo preside esta ilusión (San Lucas). La fuerza es puro encadenamiento de condiciones. Cada ser se halla sumiso al peso del universo entero. El otro mundo sólo puede hacer contrapeso. La Cruz es la balanza. (Ibid., p.128.)

La libertad sobrenatural debe existir, pero esta existencia es algo infinitamente pequeño que crece de forma exponencial.

El silencio en la música, entre las notas, representa este algo infinitamente pequeño.

La más hermosa música es aquélla que otorga la mayor intensidad a un instante de silencio, que obliga al oyente a escuchar el silencio. Primero, por el encadenamiento de los sonidos se le guía hasta el silencio interior; después a éste se le añade el silencio exterior. (Ibid., p.129.)

La cristiandad se hizo totalitaria, conquistadora, exterminadora, porque no desarrolló la noción de la ausencia y la no-acción de Dios aquí abajo. Se ligó a Jehová en igual medida que a Cristo, concibiendo La Providencia según el modo del Antiguo Testamento. Israel era la única que podía resistir a Roma porque se asemejaba a ella, y así el cristianismo naciente llevaba en él la mancha romana aún antes de llegar a ser la religión oficial del Imperio. El mal hecho por Roma jamás ha sido realmente reparado.

Igual sucede con Alá, pero en menor grado, puesto que los árabes no han constituido jamás un Estado. La guerra de la cual él es Dios es la guerra de las razzias. (IC. III, p.134.)

La caridad puede y debe amar, en un país, todo lo que es en él condición de desarrollo espiritual de los individuos, es decir: por un lado, el orden social, aun cuando este orden social sea malo, por ser menos malo que el desorden; por otro lado, la lengua, las ceremonias, las costumbres, etc..., todo lo que participe de la belleza, toda la poesía que envuelve la vida de un país. Se puede y se debe amar así a todos los países, pero se tienen obligaciones particulares con el propio.

Pero una nación como tal no puede ser objeto de amor sobrenatural. Ésta no tiene alma. Es una gruesa bestia. (Ibid., p.135.)

El falso Dios trasmuta el sufrimiento en violencia. El verdadero Dios trasmuta la violencia en sufrimiento. [...] Por naturaleza buscamos el placer y evitamos el sufrimiento. Es solamente por ello que el júbilo sirve de imagen del bien y el dolor de imagen del mal. De lo cual proviene la imaginería del paraíso y del infierno. Pero de hecho, en nuestra vida, placer-dolor conforman una pareja inseparable.

Existen aquí abajo tanto dolores semi-infernales como placeres semi-infernales; existen felicidades casi divinas y sufrimientos casi divinos.

Bien podría ser que, en el instante de la muerte, entra en el alma que es santa, a un mismo tiempo, una infinidad de júbilo divino y una infinidad de dolor puro que la hacen estallar y desaparecer en la plenitud del ser; mientras que el alma perdida se disuelve en la nada con una mezcla de horror y de horrible complacencia. (Ibid., p.136.)

Solamente las matemáticas nos obligan a constatar los límites de nuestra inteligencia. Puesto que siempre es posible pensar de una experiencia que ésta resulta inexplicable porque no conocemos todos los factores. Aquí, estamos en posesión de todos los factores, combinados en la plena luz de la demostración, y sin embargo, no alcanzamos a comprender. Tal como la fuerza en relación con nuestra voluntad, resultan las matemáticas en relación con nuestra inteligencia. Ello nos obliga a dirigir la mirada de nuestra intuición aún más lejos. El universo de los signos carece de espesor, y, sin embargo, es infinitamente duro. (Ibid., p.141.)

¿No se reconoce (por lo demás) que la astronomía se deriva de la astrología, la química de la alquimia? Pero se interpreta esta filiación como un gran avance, mientras que hay degradación en lo que a la atención se refiere. La astrología y la alquimia trascendentes son la contemplación de verdades trascendentes en símbolos provistos por los astros y las combinaciones de las sustancias. La astronomía y la química son degradaciones de aquéllas. La astrología y la alquimia como magias son degradaciones aún más bajas. No hay plenitud de la atención sino en la atención religiosa. (C. III., p.142.)

La vía ascendente de la República (Platón) es la de los grados de la atención. El ojo del alma es la atención... La atención absolutamente pura, la atención que no es sino atención es la atención dirigida hacia Dios, porque éste no está presente sino en la medida en que hay atención... Las relaciones matemáticas no son gran cosa sin atención --pero todavía son algo: Dios solo no es nada sin atención. (Ibid., p.158.)

Cada cosa es buscada y rebuscada no por ella en sí sino en tanto que bien. Solo el bien es buscado por lo que es en sí. Así pues, el bien solo es absoluto. (Ibid. p.159.)

Discurso de Aristófanes (Banquete, Platón). El Amor reparador del pecado original, pone fin a la dualidad. "Cada uno de nosotros es símbolo de un hombre (símbolo, signo de reconocimiento constituido por un objeto cortado en dos) como los pliegos, a partir de dos. Cada cual busca su símbolo".

La unidad del hombre es trascendente en relación con la persona, como lo es para la Trinidad.

Los hombres que tienen por "símbolo" una mujer, las mujeres que tienen por "símbolo" un hombre encuentran su unidad en el acto carnal. Los demás no pueden. Éstos son los místicos. Los primeros pecan de adulterio. (Por tanto la fidelidad conyugal es ya castidad.)

El hombre fue cortado en dos como el Alma del Mundo.

El Amor es el médico del pecado original. (Ibid., pp.161-162.)

A los ojos de Platón, el amor carnal es una imagen degradada del verdadero Amor. El amor humano casto es una imagen menos degradada. La idea de sublimación no podía surgir sino en medio de la estupidez contemporánea... "...Entrados en amistad y en diálogo con Dios, encontrarnos y con ello reencontrar nuestros amores".

El Amor responde al Bien.

La fecundidad es o bien corporal o bien espiritual. (Ibid., p.162.)

... No podemos jamás, en ningún caso, fabricar algo mejor de lo que somos. Así el esfuerzo extendido verdaderamente hacia el bien no puede llegar a su meta; es después de una tensión larga y estéril que termina en desesperación, cuando ya no se espera más nada, que desde el exterior --don gratuito, maravillosa sorpresa-- nos llega el don. Este esfuerzo ha sido destructor de una parte de la falsa plenitud que está en nosotros. El vacío divino, más pleno que la plenitud, ha venido a instalarse en nosotros. (C.III, p.163.)

El conocimiento sin palabras, nada es más ignorado hoy en día. Si se hablara de esto, las gentes comprenderían por esta expresión algo totalmente distinto de lo que la misma quiere decir. Hoy se embotellan las cosas dentro de las gentes por medio de palabras. Slogans. (Ibid., p.167.)

Sacrificio, lo que sacraliza, lo que conforma la santidad.

El consentimiento de la víctima es lo único que puede hacer del sacrificio algo verdaderamente sagrado y por tanto verdaderamente purificador, un sacramento. Es el caso en la misa.... puesto que "el consentimiento mutuo es la perfecta justicia" (Banquete). (Ibid., p.170.)

En un sentido (¿pero en qué sentido?) el pecado original, la expulsión del Paraíso terrestre, la Pasión, la Resurrección, se producen al mismo tiempo en cada instante.

Pero en un sentido (¿en qué sentido?) éstos son eventos históricos. Puesto que son realidades, no solamente en el cielo, sino sobre la tierra. Y no hay más realidad aquí abajo que la que se produce en un lugar, en un instante.

Esta necesidad es la Materia, la Madre, de donde procede la Encarnación. Es la condición de la existencia.

Es por lo cual tiene sentido rezarle a la Virgen: "Salvación, plena de gracia".

(Lucas, I:28)

Lo imperfecto procede de lo perfecto y no a la inversa...

... La fe sola permite inventar. [...]

Yerbas recogidas bajo el plenilunio en los cuentos mágicos. Creencia en la eficacia de la luz lunar bajo su forma perfecta. Esta luz juega un papel demoníaco, pero como la ostia consagrada en las misas negras. Igual que como el pan de la eucaristía, que contiene la virtud de hacer entrar al Espíritu Santo en las almas, hizo entrar al diablo en la de Judas. Solas las cosas santas tienen para los malos una virtud diabólica.

La luna llena es algo perfecto que a partir del día siguiente ya no se verá.

La luna es un objeto de contemplación frente a frente, no así el sol. La luna es la última cosa que el hombre contempla a la salida de la caverna de Platón, inmediatamente antes de recibir la capacidad de echar una mirada, necesariamente furtiva, sobre el sol. Dicho de otro modo, según el Banquete, representa la belleza de Dios.

El equinoccio de la primavera y el plenilunio en Pascua. Los dos símbolos reunidos. (C.III, p.177.)

Dionisio, dios clorofílico. La clorofila es el intermediario entre la energía solar y nosotros. Así como la luna nos permite contemplar frente a frente y por largo rato la luz solar, del mismo modo la clorofila nos permite comer y beber la energía solar. Cuando bebemos el vino, bebemos la energía solar misma. Seguramente esto es algo de lo cual siempre se ha tenido conciencia. No es difícil. [...] (Ibid., p.180.)

El vino es la sangre del sol. Dionisio. (Ibid. P.199.)

No se posee sino aquello a lo cual se renuncia. Aquello a lo cual no se renuncia se nos escapa. En este sentido, no es posible poseer sea lo que fuere sin pasar por Dios.

Es necesario que todas las armonías, sin excepción, que constituyen nuestra alma sean deshechas a fin de ser de nuevo hechas en nosotros por Dios con nuestro consentimiento. Es la muerte que precede a la resurrección... Dios nos ha creado sin que nosotros lo hayamos querido. Falta que nos recree con nuestro consentimiento, ya que no quiere hacernos ninguna violencia. Y finalmente, con nuestro consentimiento, nos decreará. (Ibid., p. 182.)

El gran dolor del trabajo manual es que se ve uno obligado a esforzarse durante tan largas horas simplemente para existir.

El esclavo es aquél a quien ningún bien es propuesto como fin de sus cansancios fuera de la simple existencia.

Tiene entonces o que hacerse desapegado o caer en el nivel vegetativo. [...]

El desapego consiste en hacer todo lo que uno hace, no en vista de un bien, sino por necesidad, y en tomar únicamente el bien como objeto de la atención.

El hombre que vive por su ciudad, su familia, sus amigos, para enriquecerse, para mejorar su situación social... una guerra; es tomado como esclavo; y a partir de entonces, para siempre, tiene que agotarse hasta el límite de sus fuerzas, desde la mañana hasta la tarde, simplemente existir. [...]

Los momentos cuando se ve uno forzado a contemplar la simple existencia como fin único, he ahí el horror total, sin mezcla. Es el horror de la situación del condenado a muerte que el mismo Cristo resintió. (Ibid., pp.183-184.)

No hay más que una cosa sobre la tierra que de hecho sea posible tomar como un fin puesto, que es algo que posee una especie de trascendencia en relación con la persona humana: se trata de lo colectivo. Es por lo cual nos encadena a la tierra. Es el objeto de toda idolatría. La avaricia: el oro pertenece a lo social. Toda riqueza, igual. La ambición: el poder pertenece a lo social. La ciencia, el arte --igual. ¿El amor? El amor es más o menos una excepción; es por lo cual se puede ir a Dios por amor, no por avaricia o por ambición. Sin embargo, en el movimiento que nos lleva hacia un ser, el carácter social de éste no queda de ninguna forma excluido. Amores provocados por los príncipes, las princesas, las gentes célebres, las grandes coquetas etc... -- todos los que disfrutan de cierto prestigio. Por otra parte, en el amor por un inferior el espíritu de dominación y de posesión no está ausente, y este amor tiende al aniquilamiento de muchos individuos. Don Juan.

El objeto de la ciencia no es la verdad, sino la belleza. Lo que tiene por objeto la verdad es la filosofía. (C.III, p.185.)

El valor de la belleza es el de constituir una finalidad sin fin.

Se escucha una música perfecta con una atención sin deseo, fuera del deseo incluido en la atención. También en esto la superioridad de la intuición sobre el conocimiento discursivo. (Ibid. p.189.)

La ilusión de la Revolución consiste en creer que las víctimas de la fuerza, por ser inocentes de las vivencias que se producen, si se les pone en manos la fuerza, habrán de manejarla con justicia. Pero, salvo en el caso de quienes están lo suficientemente cerca de la santidad, las víctimas se hallan mancilladas por la fuerza tal cual lo están los verdugos. El mal que se encuentra en la empuñadura de la siega es trasmitido hasta la punta. Por cuanto las víctimas, puestas en la cumbre y entoxicadas por el cambio, hacen tanto mal o más, antes de recaer bien pronto.

El socialismo consiste en poner el bien en los vencidos; el racismo, en ponerlo en los vencedores. Pero el ala revolucionaria del socialismo sirve a aquéllos quienes, aunque nacidos en las capas bajas, son por naturaleza y por vocación vencedores; y así, desembocan en la misma ética. (Ibid. p.190.)

...Lo bello captura la finalidad en nosotros y la vacía de fin, captura el deseo y lo vacía de su objeto, dándole un objeto presente e impidiéndole lanzarse hacia el futuro. [...]

...El amor casto acepta la muerte del ser amado; esta muerte no le roba un futuro, puesto que no estaba dirigido hacia el futuro.

La música desenvolviéndose en el tiempo captura la atención y se la roba al tiempo llevándola a cada instante sobre lo que es. La espera es espera vacía y espera de lo inmediato. No se busca que una nota, que un silencio, deje de ser, a pesar de que no se puede soportar que ello continúe. (Ibid., p.192.)

Lo bello atrae el deseo y lo satisface, y sin embargo lo deja lo suficientemente insatisfecho como para que no se pueda uno reorientar hacia otra cosa...

Lo bello encierra, entre otras unidades de contrarios, la de lo instantáneo y lo eterno. (De ahí el poder de las puestas de sol y los amaneceres.) En todas las artes. (C.III, p.193.)

La legitimidad es la continuidad en el tiempo; la permanencia, una invariante. Da como finalidad a la vida social algo que existe y que es visto como algo que siempre ha sido y que siempre deberá ser. Obliga a los hombres, en todos los actos de la vida social, a desear exactamente lo que es.

La ruptura de la legitimidad, el desarraigo, cuando no es debido a la conquista, cuando se produce en un país como resultado del abuso de la autoridad legítima, destruyendo ella misma por sus excesos de fuerza todo sentimiento de legitimidad, este desarraigo suscita inevitablemente la idea obsesionante del progreso y la sed de enriquecimiento y de avance, puesto que la finalidad se orienta hacia el futuro. 1789. Rusia.

Un futuro enteramente imposible --como el ideal de los anarquistas españoles-- degrada mucho menos, difiere mucho menos de lo eterno que un futuro posible. No degrada incluso en nada sino por la ilusión de la posibilidad. Si es concebido como imposible, transporta hasta lo que es eterno.

Lo posible es el lugar de la imaginación y, en consecuencia, de la degradación. Hay que querer, o lo que precisamente existe, o lo que no puede de ningún modo ser; mejor aún, ambas cosas. Lo que es y lo que no puede ser están, tanto lo uno como lo otro, fuera del devenir. (Ibid. p.194.)

Lo único que puede crear la legitimidad, puro ideal absolutamente desprovisto de fuerza, es el pensamiento: esto siempre ha sido y siempre será así.

Es por lo cual una reforma debe aparecer siempre, ya sea como un regreso a un pasado que se había dejado degradar, ya sea como una adaptación de una institución a condiciones nuevas, adaptación cuyo objeto no sería un cambio, sino --al contrario-- el mantenimiento de una relación invariante; como si teniendo la relación 12/4, y viendo que 4 se convierte en 5, el verdadero conservador no es el que quiere 12/5 sino aquél quien del 12 hace 15. (Ibid., p.195.)

Idea de *** sobre la libre competencia [1]. La competencia, al ser absolutamente libre, el equilibrio se establece y la ganancia desaparece. Al contar la remuneración del capital, el precio de venta equivale exactamente al del costo. Idea muy fecunda. La libre competencia es para la economía como la fluidez para el agua; conlleva necesariamente un equilibrio. Todo desequilibrio corresponde por tanto a una falta de fluidez. La acción del Estado debería entonces tener por objeto mantener la competencia lo más libre posible al no ejercer sino presiones compensatorias de aquéllas que disminuyen la fluidez.

Hay equilibrio cuando un ligero exceso activa de forma automática un dispositivo que libera una fuerza en sentido contrario[2]. (C.III, p.196.)

Dios es un acto eterno que se deshace y rehace al mismo tiempo. En Dios hay eterna y simultáneamente dolor y júbilo perfectos e infinitos. (Ibid., p.200.)

El materialismo ateo es necesariamente revolucionario puesto que, para orientarse hacia un bien absoluto aquí abajo, hay que ponerlo en el futuro. Se necesita entonces, para que el ímpetu sea completo, un mediador entre la perfección por venir y el presente. Este mediador es el jefe. Lenin etc... Es infalible porque es perfectamente puro; al pasar por él, el mal se convierte en bien... Ya Luis XIV, Napoleón, eran mediadores entre el presente y el futuro.

Son los mediadores del mal. (Ibid., p.201.)

[...] El mal es siempre la destrucción de las cosas sensibles en las que hay presencia real del bien. El mal es ejecutado por aquéllos que no tienen conocimiento de esta presencia real. Es cierto en este sentido que nadie es malo voluntariamente. Las relaciones de fuerza otorgan a la ausencia el poder de destruir la presencia.

Es solamente para las almas en las que Dios ya ha penetrado, las que ya han experimentado con la realidad, es a ellas tan solo que nada en el mundo puede robar la presencia de Dios. Pero se les puede robar el sentimiento de esta presencia. A Cristo le fue robado.

No es posible contemplar sin terror la extensión del mal que el hombre puede hacer y sufrir[3]. (Ibid., p.203.)

... En todo ser auténticamente de primer orden, hay en los hombres algo de lo femenino y en las mujeres algo de lo viril. [...] El carácter reprensible del homosexualismo ¿acaso no proviene precisamente de que hay degradación de una posibilidad superior?

El prejuicio popular según el cual los artistas necesitan de una vida sexual libre para su actividad creadora reposa sin duda sobre una equivocación. Necesitan excitación para que su organismo produzca la energía necesaria a su arte. Pero la satisfacción, lejos de ayudarles, les priva de una energía en esta forma suscitada. Si a pesar de esto crean es porque les queda un excedente de energía.

Todas las uniones mediante las cuales Zeus produce sus hijos mediadores son uniones ilegítimas. Papel del adulterio en la mezcla de amor y mística en el Medioevo. Idea de que la unión del hombre con Dios es algo esencialmente ilegítimo, contranatural, sobrenatural. Algo furtivo y secreto. (C.III, p.122.)

A causa de la muerte, los afectos humanos están todos absolutamente condenados y carentes de futuro. Lo que amamos apenas existe. Aún más, para lo que amamos, la existencia no es un bien. Hay que concebir esto y aceptarlo por el amor de Dios. (Ibid., p.223)

Electra llorando a Orestes muerto. Si se ama a Dios mientras que se piensa que no existe, manifestará su existencia. [...]

El bien y el mal se responden por medio de los mismos símbolos --árbol del pecado y de la cruz-- llama del infierno y del Santo Espíritu --espíritu de verdad y de error-- el pan que hace entrar al demonio en Judas --Eva y María-- Diluvio, bautizo-- Lucifer matutinus (Lucifer de la mañana; esta expresión, empleada en la bendición del cirio pascual en el oficio del Sábado Santo, designa a Cristo). (Ibid., p.224)

La savia (Dionisio) está compuesta de fuego y de agua --agua, simiente celeste.

Regreso al agua, regreso al estado primordial, anterior al pecado, estado de filiación, estado en el que el alma no es otra cosa sino creación divina. (Heráclito de Efeso: "Para las almas, la muerte consiste en volverse agua.") (Ibid., p.225.)

Ambigüedad de lo demoníaco y de lo divino. Cuando lo sobrenatural entra en un ser que no contiene suficiente amor para recibirlo, se convierte en mal. Todo progreso implica que se reciba más de lo sobrenatural de lo que se tiene de amor. De ahí las tentaciones de los santos. Basta con permanecer orientado hacia Dios para sobreponérseles. De otra forma la gracia se trueca en despecho; así como por la conversión todo el mal se trueca en amor. (Ibid., p.226.)

"Todo lo que carece de valor evita la luz" (Juan, III, 20) Aquí abajo uno se puede esconder bajo la carne. En el momento de la muerte ya no se puede seguir haciéndolo. Se ve uno librado a la luz, en la desnudez. Es ello, según el caso, infierno, purgatorio o paraíso (Ibid., p.227.)

Morir para dejar de tener miedo de la muerte. (Ibid., p.228.)

El mal no es otra cosa sino la distancia entre Dios y la criatura. (C.III, p.230.)

Analogía entre la caza y la búsqueda de Dios. [...]

Palabras de un viejo brujo esquimal cazador de renos: "Toda verdadera sabiduría no se encuentra sino lejos de los hombres, en la vasta soledad”. No puede ser alcanzada sino mediante el sufrimiento y las privaciones. El sufrimiento es la única cosa que revela a un hombre lo que permanece escondido a los demás.

Estamos encadenados en la sociedad. La sociedad es la caverna. La salida es la soledad. (Ibid., p.231.)

La relación pertenece al espíritu solitario. Ninguna muchedumbre concibe la relación. (Ibid., p.234.)

Los obreros necesitan de la poesía más aún de lo que necesitan el pan. Necesidad de una luz de eternidad.

Sólo la religión puede ser fuente de esta poesía.

No es la religión, sino la revolución, lo que es opio del pueblo.

La falta de esta poesía explica todas las formas de desmoralización.

Pero la orientación de la atención hacia Dios tiene que ser sostenida por medio de intermediarios. Aun en una iglesia, a donde se va para eso. Cuánto más en el trabajo.

No fabricarlos. Encontrarlos escritos en la naturaleza de las cosas, puesto que ahí están de forma providencial. [...]

La esclavitud, es el trabajo desprovisto de luz de eternidad, sin poesía, sin religión. Era ésa la gran desgracia de los esclavos del Imperio romano.

Que la luz eterna provea, no una razón de vivir y de trabajar, sino una plenitud que dispense de buscar esta razón.

A falta de esto, los únicos estimulantes son la sujeción y la ganancia. La sujeción, lo cual implica la opresión del pueblo. La ganancia, lo cual implica la corrupción del pueblo. (Ibid., p.238.)

Estudios y fe. La oración al no ser sino atención bajo su forma pura y, los estudios, al constituir una gimnástica de la atención, cada ejercicio escolar debe ser una refracción de vida espiritual. Pero a condición de un método. Cierta forma de hacer una versión latina, cierto modo de hacer un problema de geometría, y no cualquier forma, constituyen una gimnástica de la atención propia para hacerla más apta a la oración. [...]

El cansancio del trabajo paraliza las facultades discursivas, no así la contemplación. Sólo que hacen falta intermediarios que sean algo distinto de las facultades discursivas. (C.III, p.239.)

Al igual que el poder, el dinero es puro medio. Tiene por único valor la posibilidad de procurarse cosas. Nuestro bien supremo, nuestro fin...

El puro medio es un ersatz del fin absoluto a causa de su generalidad.

De ahí la comparación del reino de los cielos y de la perla.

El dinero es una imagen. (Ibid., p.244.)

Mala unión de contrarios. El imperialismo obrero desarrollado por el marxismo. Proverbios latinos sobre la insolencia de los esclavos recientemente liberados. La insolencia y el servilismo se agravan mutuamente. [...]

La mala unión de los contrarios, mala porque es mentirosa, es aquélla que se hace sobre el plan donde se encuentran los contrarios. La unión auténtica está sobre un plan superior. (Ibid., p.247.)

Son pocas las certezas interiores que sean verdadera y legítimamente certezas absolutas. El sentimiento del mal en sí es una. Cuando se siente que el mal está en uno, se está absolutamente seguro de que está ahí, aunque pueda uno equivocarse en cuanto al lugar.

Pero ya que Dios es verdad, esta certeza es contacto con Dios. Hay que alegrarse de que nos sea dada. La verdad sola destruye el mal que hay en nosotros, pero sólo a condición de que sea pensado como tal. Pero es destructora lenta. Hay que ser paciente e impaciente para apurar la destrucción.[4] (Ibid., p.252.)

La simiente sobrenatural es en nosotros un ser viviente distinto de nosotros, un ser divino, mediador. Su cuerpo da vueltas en el cráneo como un astro. Con cada revolución, sube hasta el orificio del cráneo... y ahí respira, ahí recibe su alimento del cielo del cual se encuentra suspendido y del cual estamos nosotros suspendidos. Es la caridad, órgano del amor sobrenatural. Pero si, debido a la inercia del pensamiento, el movimiento rotativo del cerebro no logra hacerle subir, cae en la columna vertebral; el deseo de respirar lo arrastra hasta los órganos sexuales, de donde desea salir para vivir. No puede, si es macho, hacerlo sino por la emisión sexual; si es hembra, mediante el parto después de haberse unido en la concepción con la simiente masculina. Después de lo cual, en el nuevo ser de esta forma producido, el proceso recomienza... (C.III, p.255.)

Para que el acto de engendrar sea verdaderamente una imitación de la creación divina, tendría que ser un acto de generosidad y no de deseo. Que el hombre, habiendo perfectamente conquistado la castidad y teniendo la experiencia de todo su valor, tranquilo en esta posesión, renuncie una vez a una parcela de energía supravital a fin de que otro ser sea. E igualmente con la mujer.

El amor paterno y materno sería entonces generosidad pura, y el reconocimiento filial tendría razón de ser. [...]

A falta de esto, hay en toda familia un pecado original... La condición espiritual de los padres en el momento de la concepción tendría más importancia para las disposiciones congénitas de un ser humano que la situación de los astros en el momento del nacimiento. (Ibid., p.257.) [CASTANEDA…]

... Las gallinas matan a la gallina herida. Es una ley de lo sobrenatural. Pero aquél que tiene acceso al mundo sobrenatural no está sumiso a esta ley en el ámbito de la naturaleza. [...]

La creación es un acto de amor y es perpetua. A cada instante nuestra existencia es amor de Dios por nosotros. Pero Dios no puede amarse sino a sí mismo. Su amor por nosotros es amor de sí a través de nosotros. Así pues, el que nos ha dado el ser, ama en nosotros el consentimiento de no ser. Si este consentimiento es virtual, él nos ama virtualmente.

Nuestra existencia no es otra cosa sino su voluntad que consintamos a no existir.

Perpetuamente nos mendiga nuestra existencia que él nos da. Nos la da para mendigárnosla. (Ibid., p.260.)

La inteligencia se ejercita en la obediencia al hacerle frente a lo ininteligible. (Ibid., p.264.)

El presente no recibe la finalidad. El futuro tampoco, puesto que no es sino lo que será presente. Pero uno no lo sabe. El rechazo del presente es evidente. Si se dirige sobre el presente la punta de ese deseo en nosotros que corresponde a la finalidad, ésta taladra hasta alcanzar la eternidad.

El valor de la desesperación reside en que nos desvía del futuro. (Ibid., p.265.)

El amor de la patria es puro en tanto que es amor de lo que es, no de lo que podrá ser. En tanto que es amor del hombre por la armonía que lo une a la ciudad, y no participación en el amor de la gruesa bestia por sí misma.

La gruesa bestia es el único objeto de idolatría, el único ersatz de Dios, la única imitación de un objeto que está infinitamente alejado de mí y que soy yo. (C.III, p.265.)

Cuando se desilusiona uno de un placer que se esperaba y que llega, la causa de la decepción es que lo que uno esperaba era el porvenir. Y una vez que ya está ahí, es lo que está presente. Uno quisiera que el porvenir llegara sin dejar de ser porvenir. Absurdo. O, absurdo que sólo la eternidad cura. [...]

Función penal de la ciudad. Haría falta que por medio del castigo el criminal se sintiera reintegrado a la ciudad y no excluido. (Ibid., p.266.)

La gruesa bestia tiene como fin la existencia. "Yo soy el que soy". Ella también lo dice. Le basta con existir, pero no puede concebir ni admitir que otra cosa exista. Siempre es totalitaria.

La iglesia ha sido una gruesa bestia totalitaria. (Ibid., p.267.)

[...] El mal que el inocente siente en sí está en su verdugo, pero no es sensible allí. (Como las arrugas en el cuadro de Dorian Gray.) El inocente no puede conocer el mal sino como sufrimiento.

Lo que en el criminal no es sensible, es el crimen. Lo que en el inocente no es sensible, es la inocencia. [...]

Es el inocente el que puede sentir el infierno. (Ibid., p.268.)

Todo crimen es una transferencia del mal de aquél que actúa sobre aquél que padece. [...]

El aparato de la justicia penal ha sido contaminado a tal grado por el mal, desde hace tantos siglos, que carece, en su contacto con los malhechores, de todo principio de purificación compensatorio, de forma que una condena muy a menudo equivale a una transferencia de mal del aparato penal sobre el condenado, un crimen contra el condenado, y esto aún cuando el mismo es culpable y cuando la pena no es desproporcionada. Los criminales endurecidos son los únicos a los que el aparato penal no puede hacer mal. A los inocentes hace un mal espantoso...

¿Dónde, pues, meter el mal?

Hay que transferirlo de la parte impura a la parte pura de uno --si se tiene una en sí mismo, aún cuando no fuere más que un punto-- trasmutándolo así en puro sufrimiento. El crimen que uno porta hay que infligírselo a uno mismo...

La paciencia consiste en no transformar el sufrimiento en crimen. Esto basta para transformar el crimen en sufrimiento. (C.III, p.272.)

No es --quizá-- la falta lo que constituye el pecado mortal, sino el grado de luz con el que cuenta el alma cuando la falta es cometida, sea la que fuere. (Ibid., p.273.)

Sólo Dios puede padecer la injusticia sin que esto le haga daño alguno. Para ser perfectamente justo es necesario padecer la injusticia sin recibir ningún mal. De otra forma, uno pronto se hace injusto bajo la opresión. El justo perfecto no puede ser sino Dios encarnado. (Ibid., p.275.)

El gran dolor del hombre, que comienza desde la infancia y continúa hasta la muerte, es que mirar y comer son dos operaciones distintas. La beatitud eterna (mito de Fedra) es un estado en el cual mirar es comer.

Lo que se mira no es real, es decoración. Lo que se come es destruido, deja de ser real.

El pecado original produjo en nosotros esta separación. […] Lo bello es lo que no puede uno querer cambiar. Tomar poder sobre, es manchar. Poseer es manchar. (Ibid, p.288)

Dios ha creado el universo, y su Hijo, nuestro hermano primogénito, ha creado su belleza para nosotros. La belleza del mundo es la sonrisa de ternura de Cristo para nosotros a través de la materia. Él está verdaderamente presente en la belleza universal. El amor de esta belleza procede de Dios quien ha descendido hasta nuestra alma y regresa a Dios presente en el universo. Es también algo así como un sacramento. ("Formas del Amor implícito en Dios", Attente de Dieu, Fayard, 1966, p.154.)



* Pp. 115-148 de Profesión de fe. Preservamos los títulos de las ediciones en francés que dieron origen a esta traducción y, por separado, un listado de títulos de la obra weiliana. Å

[1] Los asteriscos podrían referirse a Adam Smith. A primera vista esto podría sonar a Reaganomics y por supuesto que nada que ver: el sistema Reagan reposa ideológicamente en este bando por motivos puramente oportunistas ya que su ejercicio resulta enteramente ajeno a la filosofía que supone avanzar: la economía de guerra se basa en prebendas que inflan de forma astronómica las ganancias mientras se simula débilmente una situación de libre competencia que ya ni el más ignorante de los ciudadanos se traga... En la realidad, el neo-liberalismo no practica lo que predica.

[2] Para los optimistas, la esperanzada pregunta: ¿no podrá acaso la cibernética moderna resolver el problema de tales desequilibrios? ¿lo suficiente como para eliminar los más graves? ¿O será nuestro Némesis como especie viable en el planeta?

[3] Siguen varias páginas de invectivas contra la religión de Israel: prohibición de todo lo que es mediación, sacralización de lo colectivo; se declara contra la influencia de la cultura judía en la europea (y, a través de ella, en todo el mundo) por su carácter desarraigante.

[4] A continuación S.W., expone la doctrina escondida en el Timeo ("en pasajes expresamente dispersos", dice) referente a la simiente: "El alma inmortal está en la cabeza..."

Last Updated on Tuesday, 27 December 2011 03:44